Al arte de escuchar
La capacidad de hablar, de expresarse, de comentar nuestras inquietudes, nuestras ideas o nuestras quejas, son elementos esenciales para que nuestros recursos humanos se sientan considerados como personas y no como simples medios de producción.
En no pocas ocasiones, la falta de tiempo, la idea preconcebida que tenemos sobre determinado tipo de trabajadores o el poco interés que nos merecen las opiniones de los demás, nos lleva a cercenar o limitar de manera muy agresiva las posibilidades que los empleados tienen para hacernos llegar sus ideas, sus anhelos o porqué no, sus quejas.
Comprendo que no siempre es fácil dedicar tiempo a este menester y que tampoco podemos emplear todo el día a esta difícil y muchas veces ingrata labor. No obstante su importancia es capital y por tanto es necesario implementar vías y protocolos para escuchar a nuestros trabajadores.
Por ejemplo en muchas empresas japonesas, los directivos de más alto nivel, comparten habitualmente el comedor de la compañía, cualquiera puede acercarse y dejarse oír, también es frecuente que, en las celebraciones de la compañía, los ejecutivos presten muchísima atención a las sugerencias que les puedan hacer.
Sea cual sea el método elegido, conviene tener en mente alguna de las siguientes recomendaciones:
1.- Asegúrese que todo el mundo tienen posibilidades y sabe cómo acceder al más alto nivel de la dirección.
2.- Si no tiene tiempo para atender a una persona, hágaselo saber e inmediatamente concierte una cita. Debe asegurarse que es consciente de la importancia de sus inquietudes y precisamente por eso quiere dedicarle el tiempo que se merece.
3.- No se trata sólo de sentarse y escuchar, el objetivo es doble, por un lado debe hacer un esfuerzo por entender que le están planteando y por otro el interlocutor debe darse cuenta de su esfuerzo.
4.- Nunca le interrumpa, déjele que termine de hablar, no ponga frases en su boca, no le cuente sus problemas o le dé la vuelta a la tortilla, es él quien debe hablar, su trabajo es sólo escuchar.
5.- En caso de duda o de posibilidad de interpretación errónea, pregunte clara y abiertamente que idea es la que quiere transmitirle.
6.- Su actitud debe ser receptiva, tanto en lo sensorial, como en lo físico. Mire a su interlocutor a los ojos, haga leves movimientos afirmativos con la cabeza, para que vea que le está entendiendo, siéntese a su misma altura, que perciba que todos sus sentidos están concentrados en tratar de entenderle.
7.- Que sirva para algo. Ya que hacemos un esfuerzo que sea lo más productivo posible, se sorprenderá de lo útiles que pueden resultar las ideas de los demás.