¡ Oh Dios mío ayúdame con el petróleo!
El petróleo sube y sube y sube, cual lanzadera espacial escapando ruidosamente de la gravedad, sin techo, sin límite, sin descanso.
Muchos se frotan las manos al ver su precio a 135 dólares, fundamentalmente los productores. Chávez and company se permiten veleidades políticas otrora impensables, hoy en día evidentes, y me refiero a liderar Latinoamérica, o mejor dicho a comprarla.
También hay operadores financieros que han apostado por la subida del oro negro y han llenado sus arcas a costa del diferencial de precio y por último las empresas que trabajan, de una manera u otro en contacto con el grasiento líquidito, han visto crecer sus cotizaciones, sus ingresos y su poder a ritmo de samba desaforada.
Pero como siempre nunca llueve a gusto de todos, la otra cara de la moneda son aquellos que dependen de petróleo en sus procesos productivos y, muy especialmente, los pobres diablos que no pueden repercutir en precios la subida de sus costes.
Y claro, cuando esto pasa, sólo queda alzar la voz hacia el maná público, hacia el antaño Dios Orus, hoy encarnado por un Solbes (las comparaciones son odiosas) más bien gris y tristón, que poco tiene de Dios y mucho de viejo zorro curtido en mil batallas “comunitarias”.
Nuestro ínclito Ortega y Gasset decía que a los españoles se nos acababa el mundo cuando se nos acababa el Estado y tenía razón.
¿Qué debe hacer nuestro dios protector, nuestro oráculo, nuestro guía ministerial?, ¿debería pagar una compensación a todos aquellos a quienes la subida del oro negro hace que sus ingresos se reduzcan e incluso que entren en pérdidas?, ¿debería tal vez, en su infinita sabiduría, subvencionar el precio de la gasolina, camuflando la subida de precios?, o quizás ¿bajar los impuestos de gravan al petróleo?, o en fin, tal vez, quien sabe, a lo mejor no debería hacer nada de nada.
Como yo no soy ningún dios, ni mucho menos una reencarnación de Solchaga, quisiera oír vuestras opiniones al respecto, ¿Qué debe hacer Solbes al respecto?