La época dorada de las energías fósiles toca a su fin, los avances económicos y sociales de nuestras sociedades, han sido posibles gracias a un motivo, el disponer de una energía barata y abundante.
Algunos analistas dicen que dentro de 50 años el petróleo se habrá acabado, pero hasta que llegue el fatídico momento, los precios del oro negro seguirán subiendo, hasta que encontremos otro sustituto.
El mundo empieza a buscar soluciones al problema, que si las renovables, que si las nucleares, la biomasa, la fuerza de las mareas, etc. Pero lo más curioso es que todos coinciden en una cosa, la solución no será posible sin el llamado ahorro energético y el consumo racional.
Sobre el papel parece razonable, pero yo me pregunto, si cada vez hay más casas, más carreteras, más cines, discotecas, aires acondicionados, ordenadores, consolas, teléfonos móviles, trenes de alta velocidad, conciertos, hoteles, centros comerciales, restaurantes e incluso pistas de esquiar ratifícales, ¿cómo pretenden reducir el consumo de energía, poniendo lámparas de bajo consumo?
Es irrisorio pensar que en el futuro vamos a consumir menos energía, no señores, en el futuro consumiremos muchísima más energía, ya que el progreso implica consumo de energía y cuanto más progresamos más energía consumimos, nos guste o no nos guste.
No digo que es un gesto interesante tratar de consumir la menor energía posible, por supuesto, pero la solución pasará, indefectiblemente, por obtener una fuente de energía que cumpla dos requisitos, que sea barata y abundante.