Piérdale el miedo a delegar.
Delegar implica convertir a un colaborar en tu “alter-ego”, hasta la finalización del trabajo encomendado y teniendo como límite las funciones a desarrollar para llevar a buen puerto la delegación.
El colaborador en quien deleguemos, asume la responsabilidad de ejecutar la delegación con eficacia y eficiencia y disfruta del poder, autoridad y recursos necesarios para terminar con el éxito el trabajo encomendado.
No obstante esta responsabilidad, que asume el colaborar, es exclusivamente ante el jefe de quien recibe la delegación, ante el resto de la organización sigue siendo el jefe el responsable del trabajo, sin que la delegación le exima de sus obligaciones, en lo más mínimo, en caso de haber problemas.
El acto de delegar suele producir cierto reparo en muchos directivos, unos por falta de capacidad, otros por miedo, otros por desconocimiento. Bajo mi punto de vista un directivo que no delega, simplemente no es un directivo, delegar es una parte intrínseca del trabajo de un directivo.
También es cierto que hay otro tipo de directivo, que no delega, abdica, es decir cede todo el poder sin control, sin planificación, sin objetivar la delegación. Esta postura es tan perjudicial como la anterior y descalifica de igual modo al directivo, tan malo es no delegar como hacer dejación de tus obligaciones.
Seguidamente daremos algunas recomendaciones para que su delegación sea una experiencia enriquecedora, tanto para el directivo como para los colaboradores.
- Decida que tareas debe delegar.-
Debería delegar todo aquello que le impida dedicarse a las tareas que sean más beneficiosas para la organización.
- Decida a quién debe delegar.-
Para ello debe conocer las competencias de sus colaboradores, saber quién puede y quiere hacerlo.
- Dótele de los medios necesarios.-
Ofrézcale todos los medios físicos y sobre todo de información necesarios para completar el trabajo, ni más ni menos. Trabajar con exceso de medios crea una cultura de ineficiencia en costes.
- Negocie objetivos, plazos y recompensa.-
Trate abiertamente con el colaborador, lo que quiere y cuándo lo quiere, deje que sea él quien decida en cómo. Decidan juntos cómo se va a supervisar la delegación y por supuesto la recompensa, pecuniaria o no pecuniaria, pero debe hacer algún tipo de recompensa.