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4 Mayo, 2007

Agua, ¿privada o pública?

El agua es y va a ser, un recurso escaso, difícilmente va a poder cumplirse uno de los objetivos del milenio, reducir a la mitad las personas que no tienen agua potable. No sólo en el tercer mundo la gente no va a tener acceso al agua, también en el primer mundo la gente va a sufrir cortes del suministro, no por falta de infraestructuras, sino porque el incremento del precio les va a sacar del mercado.

 

Por tanto el problema del agua se polarizara en dos aspectos, por un lado tenemos una carencia de infraestructuras, que implican fuertes inversiones y por otro, un incremento del precio, que va a desplazar a bolsas de población de escasos recursos.

 

Los modelos de desarrollo de infraestructuras en el tercer mundo, están siendo desarrollados por empresas privadas, los gobiernos les obligan a mantener unos precios relativamente bajos, sin embargo el costo de conexión suele ser alto, este precio de conexión supone una fuerte barrera de entrada, que impide el acceso al agua a las familias menos favorecidas.

 

Algunos expertos opinan que el agua no puede dejarse en manos de empresas privadas, cuyo objetivo es la maximización de los beneficios, y piensan que, el agua, debería ser un recurso de gestión exclusivamente pública. Bajo mi punto de vista, es difícil que los estados del tercer mundo puedan desarrollar, por si mismos, las infraestructuras necesarias para llevar agua a toda la población, no obstante esto no significa que deben perder el control sobre el agua. Deben exigir a las empresas determinadas condiciones, no sólo de nivel de inversiones, sino de conexiones subvencionadas, precios diferenciados no sólo por consumo, sino también, por nivel de recursos, e incluso facilitar cantidades de consumo gratuito por razones humanitarias.

 

En el otro lado de la balanza tenemos las bolsas de pobreza de las grandes ciudades, que, ante la subida imparable del líquido elemento, dejarán de pagar sus facturas, las compañías cortarán el suministro y nos encontraremos, cada vez con mayor frecuencia, casas sin agua corriente.

 

Ante esta situación caben pocas fórmulas, o bien se subvencionan los precios, con el riesgo que esto supone, ya que los precios subvencionados estimulan el consumo, o bien se estipulan cuotas de consumo mínimas por habitante a precios muy bajos y según se incrementa el consumo se incrementan las tarifas, estableciendo un sistema solidario.

 

No obstante, cada vez más ecologistas, abogan por un sistema público de agua, en el que las empresas no tienen cabida, ya que consideran que el agua es un bien básico, al que todos deberíamos tener acceso, con independencia de nuestro nivel de renta, sin duda su razonamiento es loable, pero ¿cree que es la mejor fórmula para resolver el problema?

30 Abril, 2007

¿Deberíamos limitar la riqueza?

Todos disfrutamos al observar en revistas o reportajes, las grandes mansiones, los vehículos de lujo, las embarcaciones de ensueño o los resort diseñados para satisfacer los gustos de los más exigentes sibaritas. Todos soñamos con disfrutar de los placeres del lujo más asiático, sin repara en que en el mundo hay personas, millones de personas, cuyo único sueño es poder comer al día siguiente.

 

¿Te parece ética o intelectualmente razonable, que la fortuna de tres personas supere a la que poseen 600 millones?, desde mi punto de vista, no parece demasiado razonable. Más bien parece un fallo del sistema, un exceso que no preocupa, no molesta, es más, incluso puede parecer un logro, un éxito de la libertad de mercado, en el que el premio no tiene tasa ni medida, es desproporcionado por definición.

 

Todos los sistemas impositivos tienen claros efectos redistributivos, ya que, en función del nivel de ingresos, el sujeto debe tributar más, sin embargo la escala tiene un tope, a partir del cual ya da igual lo que gane cada uno. En España el tipo máximo es del 43%, este tipo se aplica a perceptores que superes los 52.326€ de renta gravable, por tanto da igual tener una renta gravable de 52.326, o de un millón de euros, el tipo aplicado será el mismo.

 

En estos casos el efecto redistributivo pierde sentido y racionalidad social y económica, piense en que el que tiene una renta tributable de 1 millón de euros es objeto del mismo trato fiscal que el de 52.326, esto obviando la capacidad de ocultar renta que pueda tener cada uno, que obviamente crecen con el nivel de renta.

 

Lo más razonable es que el tipo marginal fuese subiendo hasta alcanzar el 100%, es decir, a partir de un cierto nivel de renta es Estado se queda con todo, si has oído bien se queda con todo.

 

¿Qué efectos puede tener un sistema impositivo de este tipo? Forzar la reinversión, evitar el gasto suntuario, incrementar el gasto en obras sociales y benéficas, concienciar a la sociedad que la riqueza debe tener una cierta medida, un límite, animar al desarrollo de una sociedad civil que impulse y trabaje para lograr una sociedad más equilibrada y justa, devaluar el valor de la acumulación de riqueza.

 

El lado negativo es una posible fuga de inversores, empresarios y capitales, que buscarían abrigo en regímenes fiscales más benévolos y comprensivos, paraísos fiscales que permiten escapar de los férreos sistemas tributarios de los países desarrollados.

 

Claro que siempre podremos preguntarnos ¿porqué serán desarrollados? por sus sistemas tributarios……., no, no seguro que es por otra cosa.

13 Abril, 2007

La quimera del ahorro energético

La época dorada de las energías fósiles toca a su fin, los avances económicos y sociales de nuestras sociedades, han sido posibles gracias a un motivo, el disponer de una energía barata y abundante.

 

Algunos analistas dicen que dentro de 50 años el petróleo se habrá acabado, pero hasta que llegue el fatídico momento, los precios del oro negro seguirán subiendo, hasta que encontremos otro sustituto.

 

El mundo empieza a buscar soluciones al problema, que si las renovables, que si las nucleares, la biomasa, la fuerza de las mareas, etc. Pero lo más curioso es que todos coinciden en una cosa, la solución no será posible sin el llamado ahorro energético y el consumo racional.

 

Sobre el papel parece razonable, pero yo me pregunto, si cada vez hay más casas, más carreteras, más cines, discotecas, aires acondicionados, ordenadores, consolas, teléfonos móviles, trenes de alta velocidad, conciertos, hoteles, centros comerciales, restaurantes e incluso pistas de esquiar ratifícales, ¿cómo pretenden reducir el consumo de energía, poniendo lámparas de bajo consumo?

 

Es irrisorio pensar que en el futuro vamos a consumir menos energía, no señores, en el futuro consumiremos muchísima más energía, ya que el progreso implica consumo de energía y cuanto más progresamos más energía consumimos, nos guste o no nos guste.

 

No digo que es un gesto interesante tratar de consumir la menor energía posible, por supuesto, pero la solución pasará, indefectiblemente, por obtener una fuente de energía que cumpla dos requisitos, que sea barata y abundante.

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