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30 Abril, 2007

¿Deberíamos limitar la riqueza?

Todos disfrutamos al observar en revistas o reportajes, las grandes mansiones, los vehículos de lujo, las embarcaciones de ensueño o los resort diseñados para satisfacer los gustos de los más exigentes sibaritas. Todos soñamos con disfrutar de los placeres del lujo más asiático, sin repara en que en el mundo hay personas, millones de personas, cuyo único sueño es poder comer al día siguiente.

 

¿Te parece ética o intelectualmente razonable, que la fortuna de tres personas supere a la que poseen 600 millones?, desde mi punto de vista, no parece demasiado razonable. Más bien parece un fallo del sistema, un exceso que no preocupa, no molesta, es más, incluso puede parecer un logro, un éxito de la libertad de mercado, en el que el premio no tiene tasa ni medida, es desproporcionado por definición.

 

Todos los sistemas impositivos tienen claros efectos redistributivos, ya que, en función del nivel de ingresos, el sujeto debe tributar más, sin embargo la escala tiene un tope, a partir del cual ya da igual lo que gane cada uno. En España el tipo máximo es del 43%, este tipo se aplica a perceptores que superes los 52.326€ de renta gravable, por tanto da igual tener una renta gravable de 52.326, o de un millón de euros, el tipo aplicado será el mismo.

 

En estos casos el efecto redistributivo pierde sentido y racionalidad social y económica, piense en que el que tiene una renta tributable de 1 millón de euros es objeto del mismo trato fiscal que el de 52.326, esto obviando la capacidad de ocultar renta que pueda tener cada uno, que obviamente crecen con el nivel de renta.

 

Lo más razonable es que el tipo marginal fuese subiendo hasta alcanzar el 100%, es decir, a partir de un cierto nivel de renta es Estado se queda con todo, si has oído bien se queda con todo.

 

¿Qué efectos puede tener un sistema impositivo de este tipo? Forzar la reinversión, evitar el gasto suntuario, incrementar el gasto en obras sociales y benéficas, concienciar a la sociedad que la riqueza debe tener una cierta medida, un límite, animar al desarrollo de una sociedad civil que impulse y trabaje para lograr una sociedad más equilibrada y justa, devaluar el valor de la acumulación de riqueza.

 

El lado negativo es una posible fuga de inversores, empresarios y capitales, que buscarían abrigo en regímenes fiscales más benévolos y comprensivos, paraísos fiscales que permiten escapar de los férreos sistemas tributarios de los países desarrollados.

 

Claro que siempre podremos preguntarnos ¿porqué serán desarrollados? por sus sistemas tributarios……., no, no seguro que es por otra cosa.

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